SAN VALENTÍN LA GRAN CALENDA DEL DÍA
En los calendarios hay fechas que destellan con luz propia, como decía la canción de los tres jueves del año que relucen más que el sol. Y como en el firmamento, mientras unas estrellas aumentan su brillo, otras se apagan. No hay duda de que San Valentín es en los calendarios occidentales una estrella ascendente que se está acercando cada vez más al cielo del humilde Sant Nicolaus, ascendido a la categoría de Santaclaus. Ésta es una de las muestras más paradigmáticas de que lo importante no es la entidad del santo patrón, sino la entidad de aquello que patrocina. Y del mismo modo que a Sant Nicolaus le tocó en suerte patrocinar los regalos de Navidad, a San Valentín le ha caído en suerte patrocinar el amor de las parejas. Está más claro que el agua que no es el santo el que hace la celebración, sino la celebración la que hace el santo.
No es san Juan quien hace grande el solsticio de verano; sino que es éste, muchísimo más antiguo y venerable, el que hace grande al santo. Y otro tanto ocurre con el de invierno, por más que nos parezca mentira a estas alturas. Si no ocupa el altar un santo, lo ocupará otro. Y ahí teníamos vacante el altar del amor de la pareja, el altar del amor sexual incluso, que en todas las religiones politeístas tuvo siempre su santo (Venus fue la gran diosa que protegió este amor entre los romanos, y Afrodita entre los griegos, amén de otros dioses menores). Estaba vacante este altar y lo ocupó san Valentín, un obispo que se hizo célebre por bendecir el amor de una pareja, igual que san Martín de Tours se hizo célebre por partir su capa con un pobre.
No es pues el santo, sino sus virtudes, lo que veneramos. Necesitábamos un protector y sobre todo un santificador del amor, y nos pareció bien encomendar esa digna labor a san Valentín. Por eso figura el 14 de febrero, día en que se conmemora el tránsito de san Valentín, como una de las grandes calendas del año. Pero nadie está preocupado por la vida del santo, sino por el gran milagro, siempre renovado, de santificar el amor, precisamente en un tiempo en que una de las peores lacras que padecemos es la profanación y la degradación del amor y del sexo.
Ese es el gran significado de esta fiesta, ese es el gran papel de san Valentín en un mundo en que la degradación no conoce límites. Ennoblecer el amor de la pareja; recuperar el sexo para el amor; renovar la fe de las parejas granadas; estimular a las parejas en formación; convertir el amor en una celebración al menos una vez al año, rodeada de sencillos pero vivísimos rituales; darle alas al amor, empujándolo si es preciso hacia el erotismo; vestir el amor invernal ya escamado con vestiduras más cálidas y atrayentes; darles el empujón definitivo a quienes llevan tiempo y tiempo deshojando la margarita; romper todas las lanzas en favor de la fidelidad; incrementar la actividad amorosa, que no sólo con palabras, sino también con actos de amor se acrecienta y se reafirma el amor… He ahí la gran tarea que le ha caído en gracia a san Valentín, así que ¡viva san Valentín!, seamos sus devotos seguidores y cantemos por siempre sus loores.
LAS COSAS Y SUS NOMBRES
CORTEJAR
Del italiano corteggiare, que a su vez procede del latín cohors, cohortis. Yendo del final al principio, la palabra cohors se había usado para designar el séquito de un magistrado en provincias. Será a partir de este significado, o incluso del de Estado Mayor de un militar, el que dio lugar al concepto romance de corte.
Pero el significado más generalizado de cohors fue el de cohorte, que era la décima parte de una legión (compuesta por 60 centurias, es decir seis mil combatientes), 600 soldados por tanto. Este nombre lo obtuvo el ejército del ámbito agrícola y ganadero, donde significaba corral, lugar cercado donde se guardaban aves de corral y ganado. A partir de aquí pasó a tener carácter general para designar cualquier agrupación considerable tanto de animales, como de cosas como de personas. Las derivaciones verbales exhortare y cohortare proceden ambas de cohors.
Esto del cortejo tiene su miga. Cortejar es, dice el diccionario, galantear, hacer por captarse el amor de una mujer. Es por tanto el hombre el que corteja, y la mujer la cortejada. Si fuese sólo nuestra especie la que lo practica, podríamos decir que se trata de un lastre cultural; pero no siendo así, tendremos que mirárnoslo con un poco más de respeto.
Vamos pues a intentar una explicación coherente: es cierto que todo viviente es finalmente comida de otros vivientes. Hasta el hombre, que se tiene montada la vida para no convertirse en comida de ninguna otra especie, al final acaba siendo pasto de los gusanos.
Siendo esto así, parece coherente que la naturaleza se haya planteado la reproducción como un sistema desbocado, porque comiéndose unos a otros los seres vivos, es como se pone coto a su crecimiento. Esto no obstante es razonable también imaginar que tal como van ascendiendo los vivientes en la escala biológica, la naturaleza haya buscado la manera de poner algunas condiciones y por tanto algunas trabas a la reproducción, para evitar que en el vértice de la pirámide alimentaria sea ésta tan abundante como en su base.
El primer paso en este proceso de selección habría sido dejar atrás la reproducción asexual por simple partición de la célula en dos mitades iguales, cada una de las cuales acaba de regenerar la mitad que ha perdido; dejar atrás, digo, este sistema tan simple, monótono y rutinario, para dar el salto a la reproducción sexual, que no arranca de inercias y automatismos, sino de un intenso proceso de selección que por así decirlo se asienta en el principio del cortejo: numerosos machos, siempre sobrantes, compiten por fecundar a la hembra: El ritual del cortejo es el que determina quién es finalmente el elegido.
Pero una vez producida la selección del macho, continúa el proceso: millones de espermatozoides compiten por penetrar en el óvulo; los mejores llegan hasta él y lo cortejan dando vueltas a su alrededor, hasta que éste captura al que ha sido capaz de excitar en él la capacidad de capturación.
Está claro que en estos niveles de vida la naturaleza ha optado por la calidad, y no por la cantidad. Y al servicio de la calidad en la elección estaba en nuestra especie y está en las demás el cortejo. Digo estaba, porque al orientarse el sexo en nuestra especie sólo muy esporádicamente a la reproducción, no tiene ya demasiado sentido el ritual del cortejo. ¿Será por eso que ha caído en desuso? Lo malo es que con él se ha perdido parte de su gracia y de su calidad
Mariano Arnal
http://www.elalmanaque.com/sanvalentin/
Artículo publicado en la edición de El Almanaque Nº 3059 Jueves 14 de Febrero de 2008
jueves, febrero 14, 2008
miércoles, febrero 13, 2008
San Valentin. Coqueteria
SAN VALENTÍN
LA CULTURA OCCIDENTAL ha aglutinado en la fiesta de san Valentín un cúmulo de costumbres antiquísimas, muchas de ellas ritualizadas, destinadas a celebrar, fomentar y ensalzar el amor de la pareja.
Si buscamos el origen de estas fiestas en occidente, tendremos que retroceder hasta las romanas Lupercales, del mismo modo que para localizar el origen de nuestra Navidad hemos de retroceder a las Saturnales romanas.
Su objetivo es santificar los sanos impulsos biológicos transfigurándolos en AMOR.
San Valentín pretende llevarnos a la apoteosis del sexo, es decir a su divinización, que es el AMOR.
LAS COSAS Y SUS NOMBRES
COQUETERÍA
Galicismo que ha hecho fortuna en nuestra lengua a pesar de los esfuerzos de los puristas por desterrarlo, proponiendo sinónimos como, mimo, tiquis miquis, melindre, monería, momería, arrumaco, carantoña, contoneo, garambaina, etc. Pero no, estos pretendidos sinónimos forman parte del coqueteo, mas ninguno de ellos puede sustituirlo.
El inglés y el alemán también se han dejado arrastrar por el francés; eso que los ingleses cuentan con el flirteo, que han exportado a otras lenguas. Partimos de coq, que significa gallo tanto en sentido propio como figurado: coc du village (lit. el gallo del pueblo) es el gallo, el gallito; être un bon coq es ser muy enamoradizo.
El verbo coqueter significa propiamente hacer el gallo, es decir presumir un hombre entre las mujeres; y coquet es el que va por ahí de gallo. Su femenino es coquette, (obsérvese que la hembra del gallo es la la poule, en lenguaje infantil, cocotte); significa eso que la mujer coqueta es la que adopta con los hombres el papel del gallo con las gallinas; traducida la imagen vendría a ser la mujer que necesita tener pendientes de ella a muchos hombres, y en eso emplea sus coqueteos; del mismo modo que al gallo no le basta una gallina, sino que necesita para gallear (propiamente coquetear) todo un gallinero.
De ahí que a la hora de definir a la mujer coqueta se diga que es la que hace por gustar a los hombres, o la que toma el amor como una diversión y procura enamorar a distintos hombres. Cuanto más atrás vamos en el tiempo, más negativa es la definición. El diccionario de R.J. Domínguez dice: Coqueta, s. f. La mujer presumida, ligera, inconsecuente y veleidosa, que por vanidad procura agradar a muchos, burlándose en general de todos, sin fijarse realmente en ninguno.
Por completar, hay que decir que se da también este nombre a una especie de tocador (no viene de tocar, sino de toca = velo, y por extensión sombrero) provisto de espejo por lo general de cuerpo entero, que se emplea para vestirse o arreglarse delante de él. Y al golpe que daban los maestros en la palma de la mano con el plano de la férula o palmeta. Y en calidad de diminutivo de coca, un panecillo que recuerda la coca.
A partir de coqueta se formó todo el campo léxico, que incluye coquetería, coquetear, coqueteo, coquetón y últimamente, también coqueto. Domínguez incluye coquetismo como Arte seductor de la coquetería refinada. M. Moliner define coquetear como Conversar o tratar una mujer con los hombres procurando enamorarlos.
Y añade: Puede aplicarse también a los hombres que tienen una actitud semejante respecto a las mujeres (falta la inversa, que también se da). Se llama también así a la acción de conversar, bromear, etc. un hombre y una mujer tratando de agradarse recíprocamente. Y a la de hacerse el amor (= cortejarse) sólo por pasatiempo.
La coquetería tiene una definición más favorable: es, además de la cualidad o comportamiento de coqueta (o coqueto), la habilidad para arreglarse o para agradar en general; y cosas que hace una mujer para aumentar su belleza o para agradar a un hombre o a los hombres.
Coquetón fue la primera forma masculina de coqueta (luego le siguió coqueto), y sirve tanto para calificar a los hombres que recurren a la coquetería como las cosas, los adornos, etc. Se usa como sinónimo de gracioso, atractivo, agradable.
Mariano Arnal LÉXICO
http://www.elalmanaque.com/sanvalentin/
LA CULTURA OCCIDENTAL ha aglutinado en la fiesta de san Valentín un cúmulo de costumbres antiquísimas, muchas de ellas ritualizadas, destinadas a celebrar, fomentar y ensalzar el amor de la pareja.Si buscamos el origen de estas fiestas en occidente, tendremos que retroceder hasta las romanas Lupercales, del mismo modo que para localizar el origen de nuestra Navidad hemos de retroceder a las Saturnales romanas.
Era una fiesta que se celebraba en honor del dios Februarius, y el gran día del sacrificio de purificación se llamaba februata díes. Estamos en los ritos generales de purificación que serán las inmediatas fiestas del Carrus navale (Carnaval), la gran revista festiva paseando a los dioses en sus carros cargados de danzantes durante la inspección de los campos y las casas relucientes por la purificación general a que se han sometido.
Pero las Lupercales, que marcan el inicio de todo este ciclo festivo, se dedican en especial a ritos de fecundidad. Los "lupercos", una especie de cofrades de esta fiesta, vestían una piel de cabra, y así "vestidos" perseguían a todos por la calle, dando zurriagazos con tiras de piel de lobo (lupus, de ahí el nombre) a los transeúntes, en especial a las mozas, porque se les atribuía a estas disciplinas poder fecundante.
Este tipo de fiesta tenía un carácter de orgía que los mismos emperadores romanos se vieron obligados a frenar. Pero era imposible ahogar estas fiestas de fecundidad, así que fueron renaciendo a lo largo del tiempo y de la geografía en muy diversas formas.
El formato de la actual fiesta de SAN VALENTÍN es muy reciente. Todos la hemos visto crecer ante nuestros ojos. Aunque tiene en ella una gran fuerza la vena comercial y aire mundano, hay que decir que se trata de una fiesta de formato religioso, casi puritano.
Pero las Lupercales, que marcan el inicio de todo este ciclo festivo, se dedican en especial a ritos de fecundidad. Los "lupercos", una especie de cofrades de esta fiesta, vestían una piel de cabra, y así "vestidos" perseguían a todos por la calle, dando zurriagazos con tiras de piel de lobo (lupus, de ahí el nombre) a los transeúntes, en especial a las mozas, porque se les atribuía a estas disciplinas poder fecundante.
Este tipo de fiesta tenía un carácter de orgía que los mismos emperadores romanos se vieron obligados a frenar. Pero era imposible ahogar estas fiestas de fecundidad, así que fueron renaciendo a lo largo del tiempo y de la geografía en muy diversas formas.
El formato de la actual fiesta de SAN VALENTÍN es muy reciente. Todos la hemos visto crecer ante nuestros ojos. Aunque tiene en ella una gran fuerza la vena comercial y aire mundano, hay que decir que se trata de una fiesta de formato religioso, casi puritano.
Su objetivo es santificar los sanos impulsos biológicos transfigurándolos en AMOR.
San Valentín pretende llevarnos a la apoteosis del sexo, es decir a su divinización, que es el AMOR.
LAS COSAS Y SUS NOMBRES
COQUETERÍA
Galicismo que ha hecho fortuna en nuestra lengua a pesar de los esfuerzos de los puristas por desterrarlo, proponiendo sinónimos como, mimo, tiquis miquis, melindre, monería, momería, arrumaco, carantoña, contoneo, garambaina, etc. Pero no, estos pretendidos sinónimos forman parte del coqueteo, mas ninguno de ellos puede sustituirlo.
El inglés y el alemán también se han dejado arrastrar por el francés; eso que los ingleses cuentan con el flirteo, que han exportado a otras lenguas. Partimos de coq, que significa gallo tanto en sentido propio como figurado: coc du village (lit. el gallo del pueblo) es el gallo, el gallito; être un bon coq es ser muy enamoradizo.
El verbo coqueter significa propiamente hacer el gallo, es decir presumir un hombre entre las mujeres; y coquet es el que va por ahí de gallo. Su femenino es coquette, (obsérvese que la hembra del gallo es la la poule, en lenguaje infantil, cocotte); significa eso que la mujer coqueta es la que adopta con los hombres el papel del gallo con las gallinas; traducida la imagen vendría a ser la mujer que necesita tener pendientes de ella a muchos hombres, y en eso emplea sus coqueteos; del mismo modo que al gallo no le basta una gallina, sino que necesita para gallear (propiamente coquetear) todo un gallinero.
De ahí que a la hora de definir a la mujer coqueta se diga que es la que hace por gustar a los hombres, o la que toma el amor como una diversión y procura enamorar a distintos hombres. Cuanto más atrás vamos en el tiempo, más negativa es la definición. El diccionario de R.J. Domínguez dice: Coqueta, s. f. La mujer presumida, ligera, inconsecuente y veleidosa, que por vanidad procura agradar a muchos, burlándose en general de todos, sin fijarse realmente en ninguno.
Por completar, hay que decir que se da también este nombre a una especie de tocador (no viene de tocar, sino de toca = velo, y por extensión sombrero) provisto de espejo por lo general de cuerpo entero, que se emplea para vestirse o arreglarse delante de él. Y al golpe que daban los maestros en la palma de la mano con el plano de la férula o palmeta. Y en calidad de diminutivo de coca, un panecillo que recuerda la coca.
A partir de coqueta se formó todo el campo léxico, que incluye coquetería, coquetear, coqueteo, coquetón y últimamente, también coqueto. Domínguez incluye coquetismo como Arte seductor de la coquetería refinada. M. Moliner define coquetear como Conversar o tratar una mujer con los hombres procurando enamorarlos.
Y añade: Puede aplicarse también a los hombres que tienen una actitud semejante respecto a las mujeres (falta la inversa, que también se da). Se llama también así a la acción de conversar, bromear, etc. un hombre y una mujer tratando de agradarse recíprocamente. Y a la de hacerse el amor (= cortejarse) sólo por pasatiempo.
La coquetería tiene una definición más favorable: es, además de la cualidad o comportamiento de coqueta (o coqueto), la habilidad para arreglarse o para agradar en general; y cosas que hace una mujer para aumentar su belleza o para agradar a un hombre o a los hombres.
Coquetón fue la primera forma masculina de coqueta (luego le siguió coqueto), y sirve tanto para calificar a los hombres que recurren a la coquetería como las cosas, los adornos, etc. Se usa como sinónimo de gracioso, atractivo, agradable.
Mariano Arnal LÉXICO
http://www.elalmanaque.com/sanvalentin/
Artículo publicado en la edición de El Almanaque Nº 3058 Miércoles 13 de Febrero de 2008
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