Mostrando entradas con la etiqueta carnaval. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta carnaval. Mostrar todas las entradas

viernes, enero 25, 2008

CARNAVALES : DON CARNAL Y DOÑA CUARESMA

CARNAVALES : DON CARNAL Y DOÑA CUARESMA

Al Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita, una de las joyas de la literatura española, le ocurre lo que a tantas grandes obras: a todo el mundo le suena, pero muy pocos son los que lo leen. Entre otras razones porque es de muy difícil lectura, no sólo por tratarse de español antiguo, sino también porque se desarrolla en un escenario tan distante de la escena en que nosotros estamos, que las palabras con que nos lo describe, y los valores, costumbres y cosas que nombra, nos suenan a cuentos de la China. Es que la Edad Media nos cae ya en otra galaxia.

Dentro de la obra, uno de los pasajes que más suenan, porque son de referencia obligada, es el de la disputa entre Don Carnal y Doña Cuaresma. Pero en los libros escolares de literatura no se ofrece el desarrollo argumental de esa disputa, con lo que cada uno se deja llevar por lo que sugieren las propias palabras: Doña Cuaresma no necesita definirse: es la personificación de la penitencia, del ayuno y de la abstinencia. Y por eso es lógico deducir que Don Carnal es su antítesis, la personificación por tanto de la gula y de los pecados de la carne. Y puesto que estas interpretaciones encajan con la línea moralizante al uso (tan “sui géneris” como las intenciones moralizantes de la Celestina), se queda uno con esa idea, y se ahorra la molestia de leerse los 992 versos en que se desarrolla el tema de Don Carnal, Doña Cuaresma y Don Amor, que resulta ser el gran protagonista, que aparece en la apoteosis de este pasaje.

En el recorrido que estoy haciendo estos días para recopilar toda la información posible relativa al Carnaval, a fin de darles a nuestros lectores la visión más completa y bien construida a que alcance nuestra capacidad y nuestro tiempo, he leído la recopilación que hizo Joan Amades en su Costumari Català, de las costumbres de Carnaval en los pueblos y ciudades de Cataluña (a pesar de ser muy reducido el ámbito geográfico, es asombrosa la pluralidad de usos y costumbres); he consultado lo poco que dicen las enciclopedias sobre el tema; he contrastado con ritos y costumbres de otras culturas, asimilables al carnaval; he recorrido en internet todos los sitios que de un modo u otro se ocupan del Carnaval; y se me ocurrió que para completar la visión del tema, era obligado acercarme a ver de qué iba La pelea que ovo Don Carnal con Doña Cuaresma, en el Libro de Buen Amor, porque ni que fuese de refilón, alguna relación podría tener Don Carnal con el Carnaval, andando tan cerca de Doña Cuaresma.

Y ya sea porque tengo la vista y las entendederas empapadas de Carnaval, ya sea porque realmente es así como hay que verlo y entenderlo, resulta que todo lo que leo en esta treintena de páginas del Libro de Buen Amor, me suena a Carnaval; me suena a lo que me viene sonando lo que he leído a lo largo de todas las lecturas de estos días: en un pueblo van en persecución del judío montado en su rocín; en otro celebran la pelea ritual entre carniceros y pescateros; más allá dan la cencerrada con todos los enseres de cocina; en otro lugar, renuevan la vajilla, los cacharros de la cocina y los enseres viejos, en otro tiran de escoba, y resulta que todo esto me lo voy encontrando también en los versos del Arcipreste, en unos casos totalmente literal, y en otros muy parecido. En fin, que con fundamento o sin él, no puedo resistirme a leer en ellos la larga secuencia de grandes celebraciones, procesiones y comparsas que se inician en Carnaval y terminan por Pascua. Porque en realidad se trata de todo un ciclo.

Y se me ocurre pensar si el Arcipreste no será, como Homero, un juglar recopilador del repertorio de que en aquel tiempo usaban los juglares; y que entre sus versos, tenían que figurar necesariamente los autos que se celebraban en las representaciones paralitúrgicas más importantes del año.

Mariano Arnal

Artículo extraido de la edición del Almanaque Nº 3039 Viernes 24 de Enero de 2008

miércoles, enero 23, 2008

El Almanaque Nº 3037 Miércoles 23 de Enero de 2008


CARNAVALES : LA NECESIDAD DE DISFRAZARSE

Casi sin darnos cuenta pasamos de Todos los Santos a la Navidad y Nochevieja; y de aquí al Carnaval. Nombro estas tres fiestas y las enlazo porque tienen un denominador común: los disfraces. Y ese denominador común les viene del hecho de que en distintos momentos de la evolución de nuestro calendario, las tres celebraciones correspondieron al Fin de año.

Y de los tres fines de año es el más reciente, el del calendario actual, el que menos recurre a los disfraces, por no haber incorporado aún del todo los ritos que corresponden a este género de celebración. Pero va avanzando en ese camino, como si la fuerza de nuestros ancestros nos arrastrase inexorablemente hacia esos sagrados ritos.

Y siendo materia prima de cualquier rito el culto a los antepasados, era inevitable que en las celebraciones más importantes del año (las que cierran un ciclo y abren otro), fuesen éstos los principales protagonistas. Estamos naturalmente en el culto más primitivo, el familiar, el que en Roma se tributará a los Lares, los dioses del hogar, antepasados muy próximos, cuya leyenda tenía mucho de biográfica. Y un paso más cerca de los Lares, los difuntos más recientes de la familia. En la estructura religiosa de Roma, al igual que en las demás religiones, el primer eslabón del más allá, del mundo superior en cuya cima están los dioses, el primer eslabón son los más próximos antepasados.

Todo este mundo tenía un poder ilimitado sobre el devenir de los vivientes: desde las primeras obras literarias de nuestra cultura, empezando por la Ilíada y la Odisea, lo tenemos claramente ejemplificado. Eran los dioses y diosecillos los dueños de la vida humana. Por eso era impensable despedir un año e iniciar el siguiente sin contar con los artífices y guías más inmediatos de nuestras vidas: los antepasados. No sólo eso, sino que en la formulación ritual de este culto, éstos pasaban a ser los protagonistas, cediéndoles los vivos sus cuerpos para que viviesen y actuasen en ellos durante estas fiestas.

Un simple principio de realismo verosímil y reconocible condujo a acercar todo lo posible la propia figura a la del difunto al que se quería rendir tributo y homenaje cediéndole la propia vida durante esos ritos de renovación y recambio. Se trataba pues de convertirse en otra persona mucho más noble, en general aquella cuyo lugar en la vida se pretendía ocupar. Se esperaba que la más fiel caracterización y la más estricta imitación durante las ceremonias del modelo elegido, obrarían la gracia de investir con la personalidad del difunto al que tales ritos celebraba. Recordemos que a la careta que caracterizaba a los actores, los romanos la llamaban persona y los griegos proswpon (prósopon). Pensemos en la prosopopeya proswpopoiia (prosopoiía) que decían éstos, y que no era más que la caracterización y la representación con personalidades distintas a la propia.

Y resulta que esta inclinación tan ancestral no sólo no se extingue, sino que a través de distintas formas se perpetúa. Tendremos que preguntarnos no sólo por el teatro, sino por el cine también, y por la televisión, y por las demás ficciones de la vida; y por tantos juegos de todas clases que nos ofrecen convertirnos en personas distintas. Y en este momento hemos de preguntarnos cuál es la fuerza que mueve tantísimo Carnaval como prolifera en todo el mundo. Los psicoanalistas, y con ellos los sociólogos, antropólogos y demás estudiosos de la humanidad, nos dirán que se trata de una manifestación de nuestro espíritu profundo, que hoy como ayer se purifica transmigrando de personalidad en personalidad; que es necesario por lo menos una vez al año salir de sí mismo, para dejar fuera los miasmas que le intoxican, y volver cada uno de nuevo a sí mismo con la perspectiva de quien ha tenido la oportunidad de mirarse desde fuera.


EL ALMANAQUE procura dar día a día la información no perecedera que rodea a las grandes fechas del calendario. El Carnaval es una de ellas, e intentaremos seguirlo de cerca.

Artículo extraido de la edición del Almanaque Nº 3037 Miércoles 23 de Enero de 2008