sábado, marzo 15, 2008

LAS COSAS Y SUS NOMBRES : HISTORIA DE LAS FALLAS

HISTORIA DE LAS FALLAS

Siguen las fiestas religiosas cuyo origen se nos pierde entre las brumas de los tiempos. Aún no se han apagado los ecos del Carnaval, que ya tenemos a San José, el 19 de marzo, dando entrada a la primavera. En todo el mundo se conocen las fallas de Valencia, que cuentan entre las más grandiosas fiestas del fuego que celebra la humanidad. Valencia se ha hecho con la antorcha del fuego y de los claveles: una conjunción prodigiosa. Otros pueblos toman la antorcha sagrada de los grandes ritos de dolor y muerte; otros cumplen con el sagrado deber de conservarnos los ritos iniciáticos, otros los funerarios.

Y como ocurre con multitud de fiestas, aparecen y desaparecen como el Guadiana. Hay largas épocas de la historia en que parece que se las haya tragado la tierra para no volver a aflorar; pero resurgen con nueva vida. Eso ha ocurrido con las Fallas, que como tales apenas cuentan con un par de siglos de antigüedad.

Y volvemos a los antiquísimos ritos de purificación con los que se preparaba el resurgir de la vida. El vigoroso marzo tenía que ser precedido por un enérgico februario, el mes de la poda, la limpieza de los campos, de los corrales, de los animales, de las casas e incluso de uno mismo. Y en los conceptos de limpieza, bueno y oportuno es recordarlo precisamente ahora que nos amenaza una terrible epidemia ganadera que algo tiene que ver con prácticas alimentarias gravemente desviadas; en los conceptos de limpieza, digo, entraban también las estrictas normas sanitarias, que había que ejecutar en forma de rituales religiosos.

Entre estas normas de purificación antes de que llegase empujando con fuerza la vida de los animales y de las plantas, estaba el precepto de quemar todo lo viejo, todo lo que pudiera estar contaminado. Hemos de tener presente que nuestros antepasados eran mucho más vulnerables a las epidemias; ellos y sus animales. Por eso se debió convertir en ineludible deber religioso quemar todo lo que se había sacado de la limpieza, cuanto más, mejor. Esas hogueras profilácticas se conservan por todo el mundo. Lo de quemar trastos viejos en las grosandes fiestas del fuego es un ritual que encontramos repetido en todo el mundo. Y dicen que fueron los carpinteros en Valencia, que tenían por patrón a San José, los que en la vigilia de su fiesta juntaban grandes pilas con los trastos viejos y restos de madera que se iban amontonando a lo largo del año, y con ellos hacían grandes hogueras con las que honraban a su santo patrono. Es una hipótesis muy verosímil, pero nada más que hipótesis.

Eso en cuanto a las hogueras; por lo que respecta a los muñecos (ninots) vuelve a ser una constante de multitud de fiestas del fuego en todo el mundo: ya que se hace la hoguera y se queman los trastos viejos, se aprovecha para quemar en ella también a los demonios que han atormentado al pueblo durante el año, o que le han incitado al mal. Hay muchos pueblos en que el motivo central de las fiestas del fuego es la quema del demonio. Nada tendría de extraño que la singularidad de las fallas, en que desaparece la hoguera propiamente dicha para convertirse los demonios en hoguera, provenga precisamente de un rito de estas características, cuya perfecta continuidad sería la sátira y la crítica hechas combustible y finalmente fuego.

A finales del siglo XVIII se tienen las primeras noticias escritas sobre el germen de las fallas. En el XIX se representa una especie de auto sacramental satírico con los muñecos a los que luego se condena a la hoguera. Excepto el indultado. En 1886 casi desaparecieron las fallas, que a partir de ahí consiguieron superar incluso la guerra civil, pero renunciando a la sátira y pasando a ensalzar los nuevos valores nacionales. Y hasta hoy, todo fue seguir creciendo.

EL ALMANAQUE se detiene hoy en las fallas.

El REFRÁN

UN FUEGO MATA OTRO FUEGO
Un recuerdo a las fallas de Valencia. Un pueblo sanísimo, que gasta cada año su cuota de pólvora en fuegos de artificio, y que quema cada año sus excesos de vitalidad y creatividad en unas fiestas incomparables


LA PALABRA DEL DÍA

FALLA

Según el diccionario de Alcover Moll, de las tres acepciones que tiene en catalán esta palabra, la que se refiere a las grandes hogueras que se hacen para San José en Valencia, procede del antiguo fayla, cuya forma dialectal era faia, de la familia de hacha, sinónimo de antorcha y hachón. Se trata de un haz de ramas, de juncos, de esparto y otras plantas secas, en manojo bien apretado, que se usaban para alumbrarse o para hacer fuego. Ese fue su significado original. Luego pasó a significar cualquier hoguera (cazar a la falla era ese original sistema que consistía en prenderle fuego al bosque para cazar a los animales en su huida de la quema). Y ya más adelante se usó el nombre de falla para denominar las hogueras, en especial las festivas.

Si bien éste es el nombre que se ha asignado pràcticamente en exclusiva a las fallas de Valencia, no le corresponde esta exclusividad, puesto que con igual legitimidad se llama fallas a otros fuegos y hogueras. En algunos pueblos del Pirineo, la noche de San Juan se encienden en la montaña ramas secas de pino con teas. Se trata de llegar al valle con ellas encendidas, para formar con ellas la hoguera de san Juan, por lo que han de bajar a todo correr. A esas ramas encendidas las llaman fallas (con mucha propiedad, a tenor del significado original de la palabra). También en Bagà tienen una costumbre parecida, pero en Navidad. Guardan en las casas haces de una planta que llaman faia, formando antorchas a las que llaman fallas. Se encienden todas la noche de Navidad: Los niños van corriendo por las calles del pueblo con ellas encendidas.

Lo más singular respecto a la exclusividad del nombre es que en Alicante realizan por San Juan fallas en la misma línea que las de Valencia por San José. Pero no las llaman fallas, por más que lo sean, sino hogueras de San Juan. Algo parecido ocurre en otros lugares, en que se construyen hogueras tan sofisticadas como las fallas; por ejemplo la “quema del demonio” en Badalona (junto a Barcelona) por San Anastasio.


El origen tanto de falla como de hacha (obsérvese que las diferencias están en la típica sustitución de la f por la h, y en una realización distinta de la palatal) está en el latín fax, facis, que se ha mantenido en el italiano face con el mismo significado latino de antorcha, tea, y que por analogía extendió su significado a valores metafóricos como luz, astro, ardor, llama, pasión...

Al “incendiario”, al que provoca desgracias también le llamaban los romanos fax, del mismo modo que decimos en español que es un hacha (su traducción literal) del que se distingue precisamente por meter la pata gravemente o por hacer calamidades. Las faces, que por evolución fonética se convertirían en fallas, eran el atributo de algunas divinidades, y se usaban en las ceremonias de bodas y en los entierros. Con una de estas faces prendía fuego el pariente más próximo a la pira funeraria. “Inter utramque facem” es una expresión que significaba “entre ambas antorchas”, es decir entre el matrimonio y la muerte. Luego, con la evolución de las hachas y hachones, se ampliaría su uso a los ritos de purificación y a las procesiones, que adquirían por la noche un valor muy singular. Faces addere ánimis era añadir haces a los ánimos (= encenderlos, inflamarlos).

Las fallas tal como hoy las conocemos no se apartan del significado original de la palabra, ni de los ritos religiosos relacionados con el fuego, ni con el valor más singular de los haces primero y de las hachas luego. Por más sofisticación que haya, todo acaba en fuego. Incluso la implementación que ha ido experimentando la fiesta y el sentido de las fallas, sigue manteniéndose en la original línea de purgatorio, de limpieza de todo lo que hay que desechar del año anterior, antes de entrar de nuevo en la explosión de vida de la primavera. Y alrededor del fuego, un increíble esplendor festivo.

Mariano Arnal
LÉXICO http://www.elalmanaque.com/fiestas/fallas.htm

viernes, marzo 14, 2008

LAS COSAS Y SUS NOMBRES : ESPOSO - ESPOSA

¿NOVIOS, AMIGOS O SIMPLE ROLLO?

Cuando la sociedad únicamente admitía como relación lícita entre los jóvenes aquella que se orientaba al matrimonio, esta relación estaba sujeta a unas formalidades de las que no se podía huir, so pena de grave rechazo social. La defensa de los valores era implacable. Todo el mundo tenía asumido el código de costumbres y su valoración moral, por lo que la misma sociedad se había constituido en su mejor garante. El simple seguimiento del léxico referente a las relaciones prematrimoniales nos pone sobre la pista de lo que fueron las cosas. "Pedir relaciones" era ya un primer paso.

En las sociedades en que la mujer tenía menos libertad, era al padre a quien había que pedírselas. Pero en los lugares y en las épocas en que se reconoció a la mujer el derecho sobre sí misma (fue de todos modos un proceso lento), era a ésta a quien había que pedirle relaciones.

Era bastante frecuente, en la misma Roma, que los padres concertaran por su cuenta el matrimonio de los hijos. Valga como ejemplo el que concertó santa Mónica, madre de san Agustín para su hijo, porque era un bala perdida y lo quería atar con el matrimonio. El que le concertó fue con una niña de dos años (por supuesto para cuando ésta llegara a la edad núbil).


La literatura española nos da suficientes muestras de las ceremonias de "pedida" y del "anillo de pedida". Es en el protagonismo de los padres donde estas ceremonias tienen todo su sentido y esplendor. Había un minucioso ritual laico que podía llegar a ser tan complicado como para hacer intervenir al notario, ya que formaba parte de esta ceremonia (y no la del matrimonio) la fijación de las arras, de los ajustes, de las dotes, de las donaciones propter nuptias, de las relaciones esponsalicias, de las cédulas matrimoniales. Es que "ajustar un matrimonio" (esta expresión aún está en vigor, aunque no con su antiguo contenido) afectaba seriamente al patrimonio de las respectivas familias de los contrayentes, por lo que no se trataba tan sólo de que diesen su aprobación, sino de que detrajeran del patrimonio único de toda la familia las aportaciones que hicieran posible la avenencia; es que los contrayentes no disponían de nada en absoluto, ni siquiera de su fuerza de trabajo, que pertenecía íntegra a la familia.

La revolución industrial rompió la caja única familiar, con lo que cayó sola la autoridad paterna. Desde el momento en que los futuros esposos se fueron a trabajar fuera de la unidad familiar para aportar a ella el dinero en efectivo de sus sueldos, empezó la decadencia de la autoridad paterna. Pedían los hijos el consentimiento al padre; pero éste no tenía fuerza moral para negarlo o para orientar la boda según sus preferencias.

El paso siguiente fue quedarse cada uno su sueldo, y administrárselo por su cuenta. Desaparecieron los esponsales y las peticiones de mano, que siguió practicando únicamente la aristocracia. Desaparecidos los ritos en que se sostenían las costumbres, éstas cayeron en picado: fuera del control de los padres, se devaluaron los noviazgos (se siguieron manteniendo los nombres de novio y novia); pero aún este nombre le caía muy estrecho al tipo de relación que se mantenía, y sobre todo a su finalidad, que dejó de ser únicamente el matrimonio. Amigos y amigas pasaron a llamarse los que formaban pareja, y más recientemente "mi pareja" (con la correspondiente variación del adjetivo posesivo; de género epiceno).

Eso en las parejas "formales". Hasta llegar al inefable rollo (con cualquier determinante), que es lo que hoy más se lleva.EL ALMANAQUE examina hoy el grupo léxico en torno a esposo - esposa.

ESPOSA – ESPOSO

Spóndeo, spondere, spopondi, sponsum es el verbo latino del que proceden las palabras sponsus, sponsa y sponsalia, cuya evidente traducción es esposo, esposa y esponsales. Nos ayuda a situar su significado original, el saber que el verbo respondeo, respondere, respondi, responsum, que hemos traducido como responder, es derivado de spóndeo, y que de él derivan responsable (cuya forma latina es responsalis = fiador, el que responde por otro) y responsabilidad.

El significado de spóndeo es prometer solemnemente (en las formas jurídicas) en favor de alguien; constituirse en fiador, garantía o caución de alguien; obligarse; comprometerse. Spondere fidem alicui es prometer fidelidad a alguien; spondere pacem, comprometerse a firmar la paz; spondes’n ergo filiam tuam mihi uxorem dari? = ¿te comprometes, pues, a darme a tu hija por esposa? (Plauto).

El sustantivo sponsio, sponsionis acaba de darnos idea del significado que hay tras las palabras sponsus y sponsa. En efecto, como sustantivación que es de spóndeo, significa solemne compromiso de palabra, promesa, garantía. Sponsio appellatur omnis stipulatio promissioque = sponsio se llama toda estipulación y promesa, decía Cicerón.

Entre los significados de spóndeo está, naturalmente, el de prometer en matrimonio, prometer por esposa (el sujeto del verbo es obviamente el padre de la desposada, o sea, de la prometida); de ahí deriva el sustantivo sponsalia, con el que se denominan los esponsales propiamente dichos, es decir la ceremonia en que se adquiere el compromiso matrimonial, la fiesta y el banquete de boda; y los regalos de boda.

Para los esponsales tenemos otra palabra que ha quedado fijada en el arte como desposorios. Así se llama (en plural, igual que los esponsales) a los cuadros referidos a la promesa de matrimonio de la Virgen María con san José. Y en consonancia con todo ello, sponsa es la prometida, la futura esposa; sponsus, us, la promesa, el compromiso, la fianza; y sponsus, i, el esposo, es decir el que se ha comprometido a casarse. Sponsum, i (neutro) es el compromiso, la cosa prometida. Y finalmente sponsor (recordemos el uso que se hace hoy de este término) es el fiador, el garante; y el connubii sponsor o coniugii sponsor, es el que da palabra de casamiento. A juzgar por el título original de la novela de Alessandro Manzoni, I promessi sposi, en el italiano culto al menos, sposo es un sinónimo y una redundancia de promesso; todas las traducciones la titulan "Los novios".

Pero parece que en la misma Roma, que es la creadora de todo este grupo léxico, no siempre se mantuvo la distancia suficiente entre el compromiso y la boda: de ahí que encontremos en Cicerón que sponsalia valga tanto para denominar los esponsales como las fiestas y el banquete de la boda. Y en esa confusión hemos avanzado hasta destinar finalmente todas las palabras de este grupo (esposa, esposo, desposorio, esponsales) a lo relacionado con la boda y el matrimonio (exceptuado el anglicismo sponsor, que hemos transcrito como "espónsor"); de ahí que hayamos tenido que recurrir a otros términos como compromiso, pedida (anillo de pedida) prometida, prometido, novio, novia, relaciones, relaciones esponsalicias, ajustes y algunos términos más que se llevó la historia, para designar las relaciones prematrimoniales (término al que le damos hoy un significado distinto del que siempre tuvo).

AMOR ADULTO

SI QUIERES SER UN BUEN PADRE, SÉ UN BUEN ESPOSO

En el último libro del italiano Piero Ferruci, "Nuestros maestros los niños" él dice:

- "Ha hecho falta tiempo, pero al final me he dado cuenta: la relación con mis hijos pasa a través de la relación con mi mujer. No puedo tener con ellos una buena relación si mi relación con ella no es buena".La experiencia clínica de Ferruci le ha demostrado que "cada ser humano es el resultado de la relación entre dos individuos: su padre y su madre. Y esa relación sigue viviendo dentro de cada uno como una armonía bellísima o como una laceración dolorosa. La relación entre nuestros progenitores -dice Ferruci- nos constituye en lo que somos. Un niño siente con todo su ser la relación entre sus progenitores, sea cual sea, la siente en sí mismo. Si la relación está envenenada, el veneno circulará por su organismo. Si la atmósfera no es armoniosa, crecerá en la disonancia. Si está llena de ansias e inseguridades, también su futuro será incierto".

La conclusión entonces parece clara: si quieres ser un buen padre, sé un gran marido. Si quieres ser una buena madre, sé una gran compañera para tu marido. Esto que parece simple, en la práctica no lo es. ¿Por qué? Ferruci responde en primera persona, con gran humildad:

- "A veces he olvidado esta realidad. He tenido demasiada confianza. Sabiendo que nuestra relación va bien, la he dejado allí". Abandonada la relación a su propia suerte, pronto aparecen los disgustos, las recriminaciones.

Cuando un matrimonio reacciona a tiempo y recupera lo bello de su amor, los primeros en darse cuenta son los hijos. Y cuenta su propia experiencia, después de una temporada en que, obsesionado por escribir sus libros, comenzó a levantarse a las 5 de la mañana y a pasar el día rabiando por el ruido y las interrupciones:

- "Comencé a sentirme deprimido, algo no andaba bien. Al fin comprendí lo que sabía pero no quería admitir. El orden de mis prioridades estaba equivocado.

Decidí devolver a mi mujer, un marido que no se cayera de sueño. Después ocurrió algo sutil y sorprendente. Mejoró la relación entre nosotros. No es que fuese una relación mala, pero había algo que no me gustaba. A menudo yo era descortés con ella y hablaba conmigo como si mi esposa no existiera; la ignoraba como el machista más encallecido. Después lo he entendido: Era mi actitud hacia mi esposa; ella yo quien la transformaba en una sombra. Por fortuna me di cuenta a tiempo".
¿Cómo mantener y mejorar constantemente la relación conyugal? Este autor italiano es un gran romántico y cree que la fuente de amor para los esposos radica en el recuerdo de sus mejores momentos.

- "Al contrario de lo que muchos piensan, yo creo que el hecho de enamorarse es el instante más auténtico de la relación entre dos personas; es cuando ellas ven que todas las posibilidades se abren ante ellas, cuando tocan la esencia y belleza del amor. Ante los ojos de mi mente desfilan nuestros momentos más luminosos: el primer paseo juntos, la decisión de casarnos una tarde en un día de lluvia. Todo eso es el origen, la fuente: el lugar en que todo va bien y es perfecto. Resulta positivo regresar de vez en cuando a los orígenes y beber de aquella fuente de agua pura".

Tomado de: Nuestros maestros los niños de Piero Ferruci


HUMOR

LA ESPOSA Y LA AMANTE

Una pareja de esposos estaba cenando en un restaurante cuando observó que entró un amigo común acompañado por una desconocida. La señora le comenta a su marido:
-- Ese que entró es Julián, pero esa no es su esposa...
-- No, es una amante que él tiene. Ante la impertubable y categórica respuesta de su marido, la mujer comienza a criticar al amigo de ambos y el esposo la para en seco, diciéndole:
-- No te metas en esos asuntos; deja que los otros vivan su vida. La pareja continuó cenando y, de pronto, se acercó a ellos una hermosa chica, muy guapa, que le dice al marido:
-- Oye, me dejaste esperando ayer...
-- Sí se me presentó un problema. Pero yo paso por tu casa hoy.
-- Bien, nos vemos. La joven se retiró ante el asombro de la esposa, quien la emprendió contra su marido:
-- Y esa ¿quién es?.
-- Esa es mi amante!! La mujer se puso furiosa. Parecía el mismo demonio en persona y comenzó a insultar a su marido exigiendole hasta el divorcio.
-- No hay problema, yo te doy el divorcio. Pero recuerda que la casa, el automóvil y el negocio están a mi nombre. También vete olvidando de los viajes a Europa y de las tarjetas de crédito, el terapeuta, las compras en Nueva York, la casa de Acapulco, tu BMW, el chofer y la pensión de tu mamá...

Entonces la mujer se calmó y tras analizar la situación, le dijo cariñosamente a su esposo:
--¿Cierto que la amante de nosotros es más bonita que la de Julián?.

Publicado en la edición El Almanaque Nº 3088 Viernes 14 de Marzo de 2008